Este libro brillante y ameno analiza de qué manera las compañías farmacéuticas han promovido una concepción médica de los problemas humanos, consturyéndolos como "trastornos mentales", como "enfermedades" susceptibles de ser tratados con psicofármacos. Además de denunciar cómo la industria farmacéutica ha conseguido difundir sus mensajes entre legos y profesionales, los autores revisan en profundidad las bases científicas de la moderna psicofarmacología y exponen las aportaciones que pueden hacer las diversas psicoterapias para abordar mejor el sufrimiento psicosocial. La propuesta es volver a "escuchar a la persona", y no al fármaco.